domingo, 27 de julio de 2008

HABITAR EL TIEMPO

Ya son cuarenta, cuarenta pasos al acantilado, cuarenta pasos para exiliarse, concibo que hoy muero y desgraciadamente no tengo memoria. Cuarenta errores si soy generosa, cuarenta capas de cebolla y no lloro. Cuarenta por cuarenta arrugas en mis ojos, cuarenta árboles sin plantar, cuarenta canas al oirte.
...Yo era jarrito de tlaquepaque...
Cuarenta hazañas olvidadas, cuarenta brazos en un solo cuerpo.
...Herencias de incendios...
Alivianada a base de hacerme esponja, hacerme árbol, hacerme sombra. Alivianada por cansancio de grito, por habitar páramos estñeriles llenos de testigos sin misericordia. Porque minimizando mi angustia todo el mundo juzgó.
Yo ya no tengo vergüenza, busco mi nombre en mis cuarenta manos y lo escribo de humo y viento. Ya no permanezco imantada, ya no me inventan una vida los otros.
Mis entrañas son cuevas de jaguar y aún no imagino cadáver ni mortaja que me cubra.
Mi autorretrato nunca envejecerá en un armario. La vida se me hizo seria. Ya sé llorar lo justo y reírme abiertamente de mis zancadas chuecas.
Ya tengo cuarenta, cuarenta pies rojos en un camino de papel.

1 comentario:

María Tabares dijo...

Yo, que cumplí el 13 de mayo, festejé el sábado pasado(¿Te imaginas? Mis hijas insistieron), haber cumplido cincuenta años. Extrañamente, a partir de ahí tengo cien.
Muy hermosa la foto. Te seguiré leyendo Merce. Con gusto.

María Tabares